Y estaba la noche pintadita en el cielo. Raso. Un poquito de miel aquí, amarillo en los labios, y esa sonrisa amaneciendo. Al cabo del mar me derrito un tanto, pero en esos momentos anteriores me deleito con su presencia soleada entre los cielitos y estrellitas azules, blancas y amarillas. En esta arena los Azules no llegan con irrupciones de interrogatorio terrorista de media mañana. Y al gallo se le hace temprana la confusión mientras Amarilla empieza y se despieza. Tendida sobre la arena, descansa y me revela sus flores que emergen desde sus poemas avainillados que duermen en la felicidad de su ombligo. Y pasa la locura por mis poros, y cuando me acuerde que me tengo que ir me dan ganas de ponerme la libertad sobre las íes. Y cuando le digo a mi Roja madre que ser feliz y amarillo como un niño es lo único que nos queda, y no mas, se preocupa de la mala vida y no de la inminente muerte que algún día llega y se vuelve miserable cuando nunca se escapa a fumar un poco de No Me Importa. Y apesar de todo el otro sol nace de la montaña. Quiero jugar a las escondidas y a la guerra de cosquillas, pero me voy Sol, me voy, porque es que ese Azul federal puso un florero sin flores y me las reclama como si fueran suyas. La otra luna te pedí que me regalaras mas de esas hojitas que me hablan, y que hiciéramos un bosque como los que encontré en tus suspiros verdes, y te lo pido con urgencia pues esta noche no pinta como aquella, esta ni pinta ni bocetea.
Me voy a la tierra Café, y como siempre no quiero ir y tal parece que tendré que empacar medias, que por cierto son tuyas. No cometas un crimen en mi ausencia, ni mucho menos un secuestro; y si quieres venir y pasar de esta arena a la otra, pues te espero con un nuez pegado en los labios.
Se acerca el circo y los monos duermen llorando.